Has venido a España a trabajar, no a aprender la diferencia entre un 130 y un 303. Llevamos tus libros, preparamos cada modelo trimestral y te enseñamos las cifras antes de presentar nada.
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Darse de alta lleva una tarde. Lo que viene después es para siempre: cuatro periodos de presentación al año, cada uno con al menos dos modelos, unos libros registro que hay que tener al día y un resumen anual en enero. Nada de ello es difícil de entender. Todo es inflexible con las fechas.
Quien llega de otro país suele tropezar en lo mismo: presenta el IVA pero no el pago fraccionado del IRPF, porque nadie se lo dijo; apunta lo que entra en el banco en vez de lo que ha facturado; o deja el asunto en una gestoría que presenta a tiempo y no le explica nunca una cifra.
Los plazos caen en los veinte primeros días de abril, julio y octubre, y en enero para el cuarto trimestre.
Las facturas que emites y los justificantes de gastos, a una carpeta compartida o por correo. También puedes emitir tus facturas desde nuestra propia página, y entonces no hay nada que mandar.
Cada documento se clasifica, se comprueba y se anota en tus libros. Si falta algo o un gasto no va a ser deducible, te lo decimos cuando todavía tiene arreglo.
Antes de cada plazo te llegan las cifras: lo facturado, lo deducido, lo que sale a pagar y por qué. Tienes tres días hábiles para preguntar.
La presentación es telemática, con la autorización que firmas en la hoja de encargo. Los modelos presentados quedan en tu carpeta, por año y trimestre.
La cuota no depende de lo que ganas. Depende de cuántas facturas hay que contabilizar.
| Tu situación | Cuota mensual, impuestos incluidos |
|---|---|
| Un único cliente | 69 € |
| Menos de 20 facturas al mes | 92 € |
| Más de 20 facturas al mes | 115 € |
| Alta del expediente, una vez | 175 € |
Incluye los modelos trimestrales y anuales indicados y los libros registro. No incluye la declaración anual de la renta, las nóminas, los ejercicios anteriores pendientes ni la respuesta a un requerimiento, que se presupuestan aparte y por adelantado. El detalle está en precios.
Está pensado para personas físicas que prestan servicios: consultores, programadores, diseñadores, traductores, profesores, terapeutas. Funciona especialmente bien cuando los clientes están fuera y las facturas van en otras monedas, que es lo que peor suele llevar un asesor local.
No es para sociedades ni para negocios que venden productos con almacén. Si tributas en módulos, dínoslo antes: hay que mirarlo.
Si cobras a través de una sociedad tuya en Estados Unidos, tu página es autónomo con una LLC. Si aún no estás dado de alta, empieza por el alta de autónomo.
El primer año es donde se hace casi todo el daño, porque nadie le cuenta al recién llegado cómo es la secuencia. Esta es, para quien se da de alta el 1 de febrero:
Una sorpresa frecuente: la renta suele salir a pagar, porque el 20 % es solo una estimación y los tipos españoles suben pronto. Te damos una previsión de esa cifra durante el año, para que no la descubras en junio.
Ser residente fiscal en España significa tributar aquí por la renta mundial. No siempre significa que tu país deje de interesarse: los ciudadanos de Estados Unidos siguen declarando allí vivan donde vivan, y otros conservan en origen un alquiler, unos dividendos o una pensión.
Para la contabilidad eso tiene tres consecuencias. Las cifras españolas tienen que servirle a quien prepare la otra declaración: fechas claras, importes en euros con su tipo de cambio y justificante del impuesto pagado aquí. Las cuentas e inversiones que quedaron fuera pueden obligar al modelo 720. Y el régimen especial para quienes llegan hay que decidirlo en los seis primeros meses, antes de presentar el primer trimestre.
Responde a unas preguntas en Salama Tax, nuestra plataforma de contabilidad. Verás qué declaraciones te tocan y la cuota antes de comprometerte a nada.